From: Pacific Northwest National Laboratory
Published May 10, 2016 02:07 PM

¿Le encanta ese olor fresco después de una lluvia?

La mayoría de nosotros pensamos en el olor dulce después de una tormenta como el resultado de que la lluvia ha enjuagado el aire de contaminantes y polvo. Pero resulta que la lluvia también provoca la liberación de una nube de partículas del suelo húmedo al aire, un hallazgo con consecuencias propias sobre la forma cómo los científicos modelan el clima y el futuro de nuestro planeta.

La evidencia proviene en forma de pequeñas esferas vidriosas, menos de una centésima parte del grosor de un cabello humano, descubierto en las Grandes Llanuras de Oklahoma después de una tormenta y de ponerlas bajo escrutinio, por parte de científicos de varias instalaciones del Departamento de Energía EE.UU. El estudio aparece el de2 de mayo en la revista Nature Geoscience.

Según los autores, los científicos han supuesto en gran medida que las partículas orgánicas del suelo entran en el aire a través de la erosión por el viento o por medio del trabajo agrícola. Los efectos de salpicaduras de lluvia no han sido parte de la discusión.

Pero las observaciones de campo del equipo indican que hasta un 60 por ciento de las partículas que se encuentran en el aire después de una tormenta en ciertas áreas, tales como pastizales y campos cultivados, provienen de la tierra. Estas partículas son orgánicas a base de carbono y provienen de la vegetación en descomposición y de organismos. Los pequeños trozos de materia orgánica pueden contener tremenda influencia sobre el clima, que juega un papel en el destino de la luz solar cuando incide en la Tierra.

Los autores del estudio provienen de dos Oficinas de la Ciencia del departamento de Energía de EEUU (DOE por sus siglas en inglés): El Laboratorio de Ciencias Moleculares Ambientales (EMSL por sus siglas en inglés) en el Laboratorio Nacional del Noroeste del Pacífico, y el Fuente de Luz Avanzada en el Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley, así como el laboratorio de Berkeley y la Universidad de Massachusetts en Amherst.

El químico Alexander Laskin dirigió al equipo en PNNL y la científica química María Gilles llevó al grupo en el Laboratorio de Berkeley.

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Fotografía  buildingindustry.org.

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